Descifrando a Rajoy

5 Ago

Por: Ernesto Ekaizer | 03 ago 2013 El Pais

 

No pocos corresponsales extranjeros se preguntan cuál es exactamente la equivocación que Mariano Rajoy afirma haber cometido.

¿Acaso no fue claro lo que dijo?

“Cometí el error de creer a un falso inocente, pero no el delito de encubrir a un presunto culpable”, ha afirmado, no sin solemnidad, el presidente del Gobierno.

Parece, pues, conciente de que podría haber en juego un delito de encubrimiento.

El falso inocente y el presunto culpable son la misma persona: Luis Bárcenas.

Esta manera de presentar el asunto evoca aquella película de Alfred Hitchcock,The wrong man, traducida al español con el expresivo título de Falso culpable. El director de cine británico describe sus prevenciones personales sobre la Policía y la Justicia, su desconfianza.

 Manny, el músico de jazz que interpreta el actor Henry Fonda, es denunciado por una empleada como atracador de una empresa aseguradora. Durante la mayor parte del film, Hitchcock juega con la ambigüedad. Por momentos, a partir de la conducta de Manny-Henry Fonda, el espectador parece estar colgado de un péndulo que mueve sus sospechas y con ellas sus emociones de un extremo a otro.

Al resolverse el enigma, Manny es declarado inocente.

Es Rajoy, ¿nuestro presunto falso culpable?

Sabemos que Bárcenas ha acumulado hasta 48,2 millones de euros en sus cuentas suizas. Pero también conocemos que siendo el gerente, durante veintiséis años del PP, y dos años tesorero nacional (aunque deja de manera “temporal” el puesto en 2009, no será hasta abril de 2010 que lo abandona definitivamente), llevaba una presunta contabilidad B con aportes de donaciones presuntamente ilegales y distribuía, según versión de Bárcenas e indicios recogidos en la instrucción, dinero B entre la cúpula del partido.

Si bien Rajoy ha enfatizado, no menos solemnemente, que el único hecho probado es que Bárcenas ha acumulado un patrimonio oculto en Suiza, ello no ha sido una razón para cortar su relación y contactos con el ex tesorero después de conocerse públicamente el citado “hecho probado”, el 16 de enero de 2013.

Y debemos anotar que el presidente del Gobierno poseía información privilegiada, por intermedio de Javier Arenas, sobre la existencia de las cuentas suizas al menos desde diciembre de 2012.

Bárcenas pareció creer en dicho mes de diciembre que “el que avisa no es traidor” y se lo contó a Rajoy, a través de Arenas.

Había logrado bloquear y retrasar, a través de varios recursos ante los tribunales helvéticos, la llegada de las cuentas a Madrid, en unos nueve meses.

¿Cómo lo sabemos?

Por los recursos que presentaron los abogados de Bárcenas en Ginebra ante el Tribunal Penal Federal y ante el Tribunal Federal Suizo.

La Fiscalía suiza resuelve el 19 de enero de 2012 entregar a España los documentos solicitados en la comisión rogatoria enviada el 15 de abril de 2010 por el magistrado del Tribunal Supremo Francisco Monterde.

De despacharse los papeles a partir del 19 de enero de 2012, ello hubiera permitido recibirlos en la Audiencia Nacional, el tribunal competente, a primeros de febrero de 2012. Atención a las fechas: había pasado apenas un mes y medio desde la formación del gobierno de Rajoy.

Pero Bárcenas presenta, como decimos, sus recursos y agota el último cartucho, es decir, su último recurso, en octubre de 2012. Todos son desestimados.

Desconocemos, de momento, si los amigos del ex tesorero supieron ya entonces, en enero de 2012, que Bárcenas estaba decidido a bloquear la comisión rogatoria para ganar tiempo.

Bien. La comisión rogatoria llega finalmente en noviembre de 2012 a Madrid.

Primera escala: la Subdirección de Cooperación Jurídica Internacional del Ministerio de Justicia. De alli se transmite a la Audiencia Nacional, a primeros de diciembre de 2012. Se envía a los servicios de traducción y a la Policía judicial (UDEF).

Rajoy tuvo, pues, mucho tiempo de ventaja para conocer lo que traían las cuentas de Bárcenas en el LGT, el banco de la familia principesca de Liechtenstein, ex Dresdner Bank, de Ginebra.

Y repetimos: a pesar de calificar ahora el tema del patrimonio oculto como el asunto capital, nunca mejor dicho, como el pecado exclusivo de Bárcenas, el presidente del Gobierno sigue intercambiando opiniones y comentarios de carácter conspirativo con su ex tesorero nacional. De manera directa hasta el 14 de marzo de 2013.

Sigamos.

Una vez que el argumento utilizado de que eran “unas fotocopias” para desacreditar la información de los llamados papeles de Bárcenas ya no sirve, habida cuenta de que la justicia posee la contabilidad B original, que certifica la fotocopia, y dado que Bárcenas reconoce la autoría de esas notas elaboradas por él y por Álvaro Lapuerta, el presidente del Gobierno cambia su versión.

Sus declaraciones de la renta, nos dice ahora, “tienen más valor que un renglón escrito al vuelo en un papel arrugado”. Hemos pasado de las odiosas fotocopias publicadas por EL PAÍS el 31 de enero de 2013 a los originales anticipados parcialmente por El Mundo y entregados completos por Bárcenas a la justicia el 15 de julio de 2013.

Y Rajoy, o sus speechwriters, insisten en la descalificación formal: “papeles arrugados”.

Que se lo cuenten a la Policía.

¿Qué hacen los sabuesos cuando dan con un papel arrugado con renglones escritos al vuelo que les aportan alguna pista interesante para descubrir a un asesino, a un atracador o a una trama corrupta?

Los asesores del PP y los dirigentes del partido han logrado persuadir a Rajoy de la necesidad de comparecer en el Parlamento, ante la presión nacional e internacional, y también han acordado usar la “fórmula” del Rey.

Es aquella frase usada por Don Juan Carlos el 18 de abril de 2012, para disipar la hostilidad creada por su viaje a cazar elefantes en Botsuana: “Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir”.

Esta decisión de aceptar la “fórmula real” mientras La Moncloa despistaba a quienes preguntaban por lo que diría Rajoy sobre Bárcenas, en el sentido de que tendría un alcance muy limitado, buscan crear el suspense para sorprender: porque, en realidad, va a nombrar muchas veces el nombre del ex tesorero (¡vaya noticia!) y piensa entonar un presunto mea culpa.

Es  la “concesión” de Rajoy al partido. A  dirigentes, ministros y militantes que necesitan munición para defenderse y, a ser posible, pasar al ataque.

Sí, para que la organización pueda atacar a todos los adversarios con mayor convicción y argumentos nuevos. Esa es la carnaza que hay que dar. La necesidad tiene cara de hereje.

Lo que seguimos sin saber todavía, desde un punto de vista racional o lógico, es por qué dice Rajoy que se ha equivocado.

¿Porque Bárcenas ha amasado un patrimonio oculto en Suiza?

Si Rajoy dice que no lo sabía en tiempo real, cuando Bárcenas acumulaba el dinero, ¿cuál ha sido su error?

Veamos. El PP ha calificado el 8 de abril de 2010 el servicio de Bárcenas al partido, durante veintiocho años, como un trabajo “magnífico”.

Esta actuación “magnífica” como gestor es una de las caras del Doctor Luis, la otra cara es la del señor Bárcenas (como en la novela El doctor Jekyll y míster Hyde).

Podía darse el caso de que su gestión para el PP fuera magnífica y ser ello compatible con amasar un patrimonio oculto en Suiza. Teóricamente es posible.

Si la gestión de Bárcenas ha sido magnífica, ¿en qué, insistimos, se equivocó Rajoy?

Es que Rajoy no nos ha dicho ahora nada diferente sobre esa gestión respecto a la versión que el PP ha mantenido hasta el momento. Esto es: una actuación magnífica.

¿El error consiste en haber considerado magnífica esa gestión?

¿No es más cierto que Bárcenas gestiona las finanzas del PP como sus finanzas personales de la misma manera? Por encima de ley. Porque se cree que está por encima de la ley. Porque se considera un ciudadano por encima de toda sospecha.

¿No es esto lo que se desprende de lo que se ha descubierto en Suiza y de su propia confesión sobre la presunta financiación ilegal y los presuntos pagos en B a la cúpula del PP?

Es coherente que Bárcenas haya hecho lo mismo para el partido y para sí mismo.

Hubo en el PP, nos dice ahora Rajoy, “sueldos”, “remuneraciones complementarias por razón del cargo”, “anticipos” (¿y también cuando era incompatible según la ley, es decir cuando eran miembros del Gobierno?) “como en todas partes”. Y agrega: “es de justicia”.

Rajoy tampoco defiende a todos sus colegas, los dirigentes que cobraron. Declarar a Hacienda, dice, es un asunto privado.

Rajoy y sus contradicciones, y también sus ataques, después de su larga resistencia a comparecer recuerdan el diálogo célebre de Nekrassov, la obra testral de Jean-Paul Sartre sobre la guerra fría.

Sibilot, uno de los personajes, ve a Georges frente al espejo.

Sibilot: ¿Qué haces ahí?

Georges: Mis ensayos.

Sibilot: ¿Qué ensayos?

Georges: Me miento a mí mismo.

Sibilot: ¿A ti también?

Georges: A mí en primer lugar. Tengo demasiada inclinación por el cinismo: es indispensable que yo sea mi primer engañado.

Continuará.

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